Robert Lucas y el mito de que el mercado se arregla solo

Robert Lucas (Nobel de Economía) cambió las reglas del juego en los años 70 y 80. Básicamente, jubiló la idea de que los gobiernos podían «engañar» a la gente para estimular la economía. El problema es que creó un modelo impecable en la pizarra, pero que cojea bastante en la vida real.
¿Qué son las «Expectativas Racionales»?
Antes de Lucas, se pensaba que los ciudadanos éramos un poco cuadriculados: si el año pasado hubo un 5 % de inflación, esperábamos lo mismo para este. Eso permitía a los gobiernos «jugárnosla» y bajar el paro a base de generar un poco más de inflación de la esperada.
Lucas dijo que no somos ingenuos. Según él, los profesionales y consumidores usamos toda la información disponible (incluidos los anuncios del BOE o del Banco Central) para adelantarnos. Es la idea de que el mercado es eficiente porque todos sabemos de qué va la fiesta y actuamos en consecuencia.
El fallo: No somos algoritmos
La teoría de Lucas es muy elegante, pero tiene una pega enorme: ignora la psicología humana. Trata a las personas como si fuéramos procesadores de datos sin sesgos, sin miedos y sin intuición. La economía del comportamiento ya ha demostrado que nuestras decisiones no son siempre lógicas ni frías; a menudo somos previsibles en nuestros errores, algo que el modelo de Lucas no contempla.
¿Quién fabrica la información que consumimos?
Este es el gran punto ciego. Lucas decía que nuestras expectativas son neutrales. Pero, en el día a día, lo que esperamos del futuro depende de lo que leemos en la prensa salmón, de lo que dice el Ministerio de Economía, el BCE o las grandes consultoras.
Estas instituciones no son precisamente una ONG; tienen sus propios incentivos (reputación, política, contratos con la Administración, intereses financieros). Al final, lo que creemos que va a pasar no es una conclusión propia, sino una narrativa inducida desde arriba.
La desconexión entre el Excel y la calle
Por eso surge lo que llamamos «disonancia cognitiva»: el contraste entre los datos oficiales (crecimiento récord, inflación contenida, pleno empleo) y lo que ves cuando intentas alquilar un piso, comprar suministros para tu empresa o llegar a fin de mes. Si el relato macroeconómico no encaja con lo que vives en tu negocio o en tu casa, es que el modelo tiene un problema de base.
¿Por qué la realidad le ha quitado la razón?
Si el mercado fuera tan eficiente y racional como decía Lucas, no tendríamos burbujas inmobiliarias cada década ni crisis financieras que nadie ve venir. La realidad es que la crisis de 2008 fue el golpe de gracia, demostró que el mercado no se autorregula solo. Los bancos centrales ya no se fían: ahora se pasan el día haciendo «comunicación estratégica» (forward guidance) para intentar convencernos de qué pensar. Si de verdad fuéramos tan racionales, no necesitarían hacernos tanto «marketing» económico.
Lucas ganó la batalla en las universidades (sus fórmulas se siguen usando), pero perdió la batalla en la calle. Su mundo ideal funciona si no hay juegos de poder, ni instituciones que manipulen la información, ni humanos que se equivoquen. Pero ese mundo, sencillamente, no existe.
Fíjate en estos días y cuando veas que se retocan al alza las previsiones del PIB en España cada dos por tres, ya sabes qué están haciendo. Están intentando gestionar tus expectativas para que te sientas con confianza, consumas e inviertas. Es pura psicología aplicada, no matemáticas exactas.
