Dinero, Economistas, Emisión monetaria, Escuelas de pensamiento económico, Gasto Fiscal, Inflación- Deflación, Modern Monetary Theory - MMT, Política fiscal, Política monetaria, Sistema Monetario

El euro es el patrón oro del siglo XXI: el sueño de los austriacos

El Euro es el experimento económico más fascinante y sectario de la historia económica reciente. Para entender por qué los austriacos lo aman y los postkeynesianos lo ven como una camisa de fuerza medieval, hay que mirar su diseño. El Euro no es solo una moneda; es un sistema de reglas diseñado para quitarle a los políticos el control sobre el dinero (sobre todo a los de sur de la UE). No es que esto me parezca estrictamente mal, lo que que me parece fatal es que el euro vaya contra la gente.

Así como la Fed y el Tesoro norteamericano forman un único pack, el BCE y los Tesoros de los veintisiete países miembros son packs diferentes. Los países tristones de la UE, esos que vinieron a España a chupar rueda del Descubrimiento de América, pactaron un «patrón-oro» a base de reglas que dejaron a los Tesoros de los países miembros sin capacidad de emisión y dando todo el poder al BCE. Los países de la UE somos usuarios del euro, no es nuestra moneda soberana es la del BCE, aunque muchísima gente no lo sabe ni lo sospecha. Los que hablan y reclaman la implantación de de nuevo del patrón-oro son los que menos conocen al euro, ya que su diseño fue realizado por partidarios austriacos que lo metieron en una camisa de fuerza para asemejarlo a una moneda restringida por la posesión del oro que la soporta.

Como he comentado cien veces, cuando Nixon rompió unilateralmente los Acuerdos de Bretton Woods, había emitido seis veces más de los dólares que podía emitir con soporte del oro que poseía. Entonces, ¿el patrón oro tampoco evita la sobre emisión por encima de la demanda de dinero? Es evidente que no, puesto que hemos aceptado irresponsablemente que cuatro decidan y manejen las variables clave de la economía que afectan nuestras vidas. Al euro le pasa lo mismo, tiene muchas reglas pero en caso de necesidad, los cuatro que deciden por el resto de los europeos, pueden hacer lo que sea necesario y que -además- sea suficiente para salir del entuerto en el que estemos.

Los austriacos siempre han odiado que los gobiernos puedan imprimir dinero para tapar sus agujeros, lo que llaman «envilecer la moneda» en forma análoga a lo que practicaban los soberanos cuando envilecían las monedas de metales preciosos para conseguir una emisión mayor con el mismo oro y/o plata que daba para una emisión menor.

Sin soberanía monetaria, al entrar en el Euro, España, Italia o Grecia dejaron de ser emisores de moneda para convertirse en usuarios, como lo es una familia o una empresa. La disciplina del mercado: si un país gasta de más, ya no puede devaluar su moneda para seguir siendo competitivo ni imprimir para pagar su deuda, tiene que ir al mercado de bonos y convencer a los inversores. Si los inversores se asustan, sube la prima de riesgo. Ajuste por deflación, al no poder devaluar la moneda, la única forma de recuperar competitividad es la devaluación interna: bajar salarios y recortar gasto. Es la austeridad pura y dura elevada a ley constitucional.

Para un heterodoxo, el diseño del euro es un error de diseño de manual. ¿Por qué? Por el divorcio entre la política fiscal y la monetaria. ¿A quién beneficia este diseño? A los países exportadores (como Alemania) y los acreedores. Un euro fuerte y una inflación baja protegen el valor de sus ahorros y de los préstamos que han hecho a otros países. Los que no se benefician son los trabajadores y los deudores. Al no poder usar la política monetaria para crear empleo, el ajuste siempre cae sobre los hombros del trabajador vía recortes de servicios públicos y salarios más bajos.

Al final, la brecha que planteaste al principio se resume en esto: la «verdad» no está en los números, sino en qué sociedad quieres construir.

¡Hola, 👋
suscríbete a nuestro blog!

Regístrate para recibir nuestro post semanal en tu bandeja de entrada. Puedes borrarte cuando quieras

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

4 comentarios sobre “El euro es el patrón oro del siglo XXI: el sueño de los austriacos”

  1. El artículo acierta en algo fundamental: el euro no es simplemente una moneda común, sino un sistema institucional diseñado precisamente para limitar la discrecionalidad de los gobiernos nacionales sobre la política monetaria. Pero a partir de ahí extrae conclusiones muy discutibles, porque interpreta toda restricción al poder político como una agresión contra “la gente”, cuando muchas veces esas restricciones existen precisamente para proteger a la sociedad de los incentivos perversos de los propios gobiernos.

    Decir que España perdió “soberanía monetaria” al entrar en el euro es correcto. Lo que no está tan claro es por qué deberíamos considerar deseable que un gobierno conserve la capacidad de devaluar, inflar o monetizar deuda pública. La historia monetaria española antes del euro no fue precisamente un ejemplo de estabilidad y prosperidad sostenida: inflación estructuralmente superior a la alemana, devaluaciones recurrentes de la peseta, tipos de interés elevados y destrucción constante del ahorro interno. La “soberanía monetaria” muchas veces no ha sido más que el eufemismo elegante para socializar los costes de políticas fiscales irresponsables mediante inflación y pérdida de poder adquisitivo.

    El texto plantea además una dicotomía tramposa entre acreedores y trabajadores, como si una moneda estable solo beneficiara a bancos y rentistas. Sin embargo, los principales perjudicados por la inflación suelen ser precisamente los asalariados y las clases medias con menor capacidad de proteger sus ahorros. La inflación no crea riqueza; simplemente redistribuye renta de forma opaca. Cuando un Estado recurre sistemáticamente a la expansión monetaria para evitar ajustes, no elimina los desequilibrios reales de la economía: únicamente los desplaza en el tiempo y altera los precios relativos, generando malas inversiones, burbujas y endeudamiento excesivo.

    También es discutible la idea de que el euro sea responsable de los problemas estructurales de países como España, Italia o Grecia. Durante años, esos países disfrutaron de tipos de interés artificialmente bajos gracias precisamente a la credibilidad monetaria que aportaba el euro. En lugar de aprovechar ese contexto para aumentar productividad, sanear cuentas públicas y mejorar competitividad, gran parte del crédito barato terminó alimentando burbujas inmobiliarias, gasto improductivo y expansión artificial de sectores poco eficientes. Culpar después al euro de impedir la huida hacia delante mediante devaluaciones equivale a responsabilizar al termómetro de la fiebre.

    El artículo tampoco termina de reconocer una contradicción importante: critica el carácter rígido y disciplinario del euro, pero al mismo tiempo admite que, cuando llegan las crisis graves, el BCE interviene masivamente y flexibiliza todas las reglas. Exactamente. El euro no es un patrón oro. El BCE ha demostrado repetidamente capacidad para expandir balance, comprar deuda pública y sostener mercados financieros cuando lo considera necesario. Quienes presentan el euro como una camisa de fuerza absoluta ignoran que, en la práctica, la arquitectura monetaria europea ya ha evolucionado hacia mecanismos mucho más flexibles de lo que imaginaron sus diseñadores originales.

    El problema de fondo es otro: muchos análisis económicos siguen tratando la capacidad de imprimir dinero como si fuera una fuente autónoma de prosperidad. Pero una sociedad no se hace más rica porque su banco central cree más euros, dólares o pesetas. La riqueza depende de productividad, capitalización, innovación y eficiencia económica. La política monetaria puede alterar temporalmente la distribución de recursos y suavizar ajustes, pero no puede sustituir indefinidamente la creación real de valor.

    En el fondo, el debate sobre el euro no es técnico sino institucional. La pregunta relevante no es si los gobiernos deberían tener más margen para intervenir, sino si realmente confiamos en que usarán ese poder con prudencia y visión de largo plazo. La experiencia histórica invita más bien al escepticismo.

    1. Erigir al euro como un «protector» contra la discrecionalidad política es de una ingenuidad peligrosa o de un toque de cinismo (con perdón), ya que lo único que ha hecho es trasladar ese poder de manos de gobiernos democráticamente responsables a una tecnocracia opaca en Fráncfort que sacrifica economías enteras para salvar el balance de la banca alemana. Llamar «truco contable» a la devaluación monetaria es ignorar que, sin ese mecanismo de ajuste, países como España quedan condenados a una «devaluación interna» permanente —es decir, a hundir los salarios y el consumo por decreto— para competir con potencias industriales que juegan con ventaja en una unión monetaria diseñada a su medida. La supuesta «disciplina» fiscal no es más que un dogma que asfixia la inversión pública y condena a generaciones al desempleo estructural mientras el BCE, lejos de ser neutral, interviene selectivamente para decidir qué países sobreviven y cuáles se hunden en la austeridad más sádica. Al final, defender el euro con el argumento de la productividad es una falacia: no puedes pedirle a un corredor que gane una carrera si le has amputado las piernas de la soberanía económica y le obligas a competir con un lastre de deuda que, bajo este sistema, es matemáticamente impagable.
      Me extraña que no entiendas lo del patrón oro del S. XXI. Claro que puede expandirse pero saltándose sus propias reglas. Sin la elasticidad del dinero fiat, en 2008 y la pandemoa hubiéramos acabado en el fondo marino…

  2. El verdadero sueño austriaco no es un euro gestionado por burócratas en Fráncfort que salvan a la banca y a los estados insolventes emitiendo dinero de la nada. El sueño liberal es la banca libre y la libre elección de moneda: que los ciudadanos puedan usar el dinero que prefieran (oro, bitcoin, o cualquier moneda estable) y que los gobiernos no tengan el monopolio de fabricar papel moneda. El euro es defectuoso, pero esa alternativa —devolverle la máquina de imprimir billetes a los políticos nacionales para que licúen las deudas vía inflación— es el camino garantizado hacia la destrucción del ahorro, el empobrecimiento de las clases medias y el colapso económico.

    1. Juan, el sueño austriaco al que te refieres es el de Hayek. Seguro que recuerdas que antes existieron bancos privados que emitían moneda y fue un fracaso absoluto quiebra tras quiebra. Yo creo que tú sueñas con Milei y sus mentiras y te las has acabado creyendo. Nadie, nadie, nadie con unos mínimos conocimientos quiere la banca libre, ni la Simons, ni dada que se le parezca. El patrón oro es imposible que vuelva, el Bitcoin es sólo una reserva de valor. Sólo podría entenderte si tienes grandes cantidades de dinero, en otro caso, eres de los que se han creído los mensajes -no de los austriacos o de los monetaristas- sino de los interesados en que haya poco dinero en el mercado para hacer ellos el agosto. Lo que ha ce falta es que el dinero no sea sujeto de atesoramiento y vuelva a ser sólo la unidad de cuenta. ¿Es esto todo lo que tienes que decir? Te has leído el «manualito austro-húngaro para ingenuos», pues nada, vuelve a esconderte unos meses y que te vaya bien, deja de comentarme tonterías. ¡Hasta luego, Lucas!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.