
De vez en cuando, llegan oleadas de comunicaciones que directa o indirectamente sugieren la necesidad de volver al patrón oro como forma de eliminar la inflación. Pero es una estupidez, puesto que el tamaño de las economías actuales no permite depender de la producción de oro mundial, por lo tanto, no puedes esperar alimentar a la población mundial con huevas de esturión, no da de sí para ese objetivo. Por otra parte, es que siempre que la moneda ha dependido del patrón oro ha habido fraude y se ha acuñado más moneda de la que las reservas de oro permitían. De hecho, cuando se ha custodiado el oro por los primeros bancos centrales, se crearon varias capas de crédito para seguir operando con «representaciones» del oro guardado que eran los certificados que alcanzaron tal utilidad en su circulación que acabaron -con el tiempo- convirtiéndose en billetes. Su inicial convertibilidad se dejo en suspenso en varias ocasiones y con la superposición de capas de dinero, era complicado llegar al oro inicial guardado en los proto bancos centrales. También se oyen otros cantos para el uso de Bitcoin como dinero, aunque hoy por hoy no cumple con la triple condición más que la de reserva de valor. Piensen que los que quieren que haya poco dinero en el mercado, en realidad, lo que están diciendo es que cuanto menos dinero exista, la escasez hará que se pague más por el dinero, ¿ven la idea?
Una de características históricas del dinero es su escasez (como el oro, plata…), de otra forma, cualquiera podrá hacerse y crear más dinero y la pérdida de valor estaría asegurada, siguiendo esa regla, la fortaleza de la moneda -o de cualquier bien- vendría especificada mediante esta razón: el stock de la moneda / el flujo de nuevo moneda, cuanto mayor sea más fuerte será la moneda. Con el dinero fiat -sin restricción material de impresión de billetes o de anotar en cuentas cuanto quieran los bancos centrales- queda en sus manos las reglas anteriores respecto a la escasez del dinero. En las economías actuales, la elasticidad del dinero es fundamental y ningún dinero como el fiat cumple esa característica. Por eso, el patrón oro no tiene vigencia en estos momentos ni es deseable por su alto ratio comentado en un mundo de más de 7.000 millones de habitantes.

Cuando en 1971 el presidente de los EEUU Richard Nixon renuncia unilateralmente a los acuerdos de Bretton Woods y por tanto al patrón dólar-oro, la oferta monetaria de su país era de seis veces sus reservas en oro. El país había tenido grandes gastos en los últimos años debido a varias causas -entre ellas la guerra de Vietnam- y le hizo falta aumentar la oferta para pagar esos enormes gastos comentados. En otros periodos muchos más alejados de nuestro tiempo con vigencia del patrón oro pasaba lo mismo. Se cometía fraude y se creaba más dinero del permitido.
Nerón mandaba golpear las nuevas monedas de oro para que con los trozos desprendidos se pudieran acuñar más monedas de las autorizadas por el senado romano. En otras épocas se falsificaban monedas, en otras se reducía el porcentaje de presencia del noble metal o se mezclaba con plata constituyendo la aleación electrum, incluso con otros metales menos nobles como el cobre o, simplemente, se acuñaban con monedas de menos peso. Todas estas artes provocaron la presencia -tras el patrón oro- del patrón plata y el patrón cobre, debido a que las monedas se envilecían con la presencia cada vez de forma más importante de un metal menos noble.
No fue hasta 1609 en Ámsterdam que se volvió al contraste del peso con la aparición de la banca y tras el Descubrimiento de América y la llegada de nuevo oro y plata en cantidades no lineales respecto a las disponibilidades del momento. Nadie quedó fuera de notar en sus ventas, salarios y compras por el influjo de la corriente mercantilista que se iniciaba y por el dinero español que recorrió Inglaterra, Francia y los Países Bajos en aquellos momentos. Lo que provocó una enorme inflación en esos países y también en España, sobre todo en Andalucía. Pero la causa real no fue la pérdida del valor de la moneda por el aumento de oro y plata disponible que había llegado desde ultramar sino la escasez ante una gran demanda de productos financiada por los nuevos ricos. Nuestras fábricas no daban abasto para las compras demandadas y fueron las de los países nombrados las que cubrían la falta de industria en nuestro país, pero que las que había también subieron los precios porque agotaban existencias en cuanto las fabricaban. Relojes, tapices, muebles, vajillas, cuberterías, etcétera. Al tiempo, las guerras que España emprendió para extender su imperio, también llevaron más oro a centro Europa. En las naciones comentadas se llegó a multiplicar el precio por tres y en España por seis. Por el ciclo o por la causa que fuere, al tiempo todo volvió a su lugar y los precios se equilibraron y bajaron en España primeramente, después en el resto de países europeos.

En buena lógica y por proximidad a la cuestión, fue la Escuela de Salamanca los que primero hablaron de la relación entre el dinero y los precios, constituyéndose la semilla cuantitivista que plantea que los precios varían en una relación directa con la cantidad de dinero. Martín de Azpilcueta y Tomás de Mercado, ambos miembros de la Escuela de Salamanca, Jean Bodin y David Hume, analizaron el efecto de la entrada de oro y plata de América. En el pasado siglo, Irving Fisher aportó un marco analítico a la inflación y Milton Friedman que popularizo el concepto e inicio el monetarismo.
Todos conocemos lo que sucedió en la Alemania de Weimar, la hiperinflación en la Alemania de 1922-23, aquellos niños jugando con tacos de billetes que apenas tenían valor por la enorme emisión monetaria de aquellos años para cubrir los gastos del gobierno y que acababan siendo usados para encender el fuego como si de pequeños troncos se tratara, pero la causa real no fue la enorme emisión. Esa es una historia que los consignados con las reglas de las “finanzas sólidas” relatan diariamente para convencernos de la austeridad, sin reconocer que las finanzas sólidas tienen grados y todos ellos están en rango si es para lograr mejoras clave para el PIB. La verdadera razón fue tener que cumplir las enormes y desmesuradas sanciones que obligaban al pueblo alemán a pagar en las monedas de los vencedores de la guerra y sufridores de los destrozos causados por ella y por el ejército alemán. Las cantidades a pagar en otras monedas (francos y libras fundamentalmente) y una cadena de consecuencias de esta redención de deuda cada vez más costosa y que suponía más impuestos y salarios más bajos para la población. El gobierno alemán pagaba precios más altos cada vez para poder abastecerse, llevando continuamente el valor de su moneda a la baja.
Creo que son suficientes argumentos para comprobar que el patrón oro no es garantía de nada si los gobernantes no tienen la voluntad de seguirlo a rajatabla, si es que no es absolutamente inviable porque ahora estamos en otra economía que reventaría por las costuras con el patrón oro y, por lo dicho, la inflación también tiene cobijo en el mismo. Cuando alguien le hable del patrón oro, desconfíe, algo quieren venderle que igual no le conviene.
