
En esta maraña de comentarios, la mayoría de ellos mediatizados por la ideología política de cada uno, se dicen cosas absurdas cada cinco minutos. Uno de los temas más tratados es el de la deuda pública que es curioso porque -como siempre digo- la peligrosa es la otra, la privada. Pero de esa nadie dice nada, cuando es mucho más mayor que la otra. Entre ayer y hoy, me han llegado varias infografías diferentes sobre la deuda pública mundial, es una oleada interesada de crear preocupación sobre la deuda en el mundo. Los países que tienen soberanía monetaria y no les acompaña ningún problema más (haber tenido default en algún momento, tasa de riesgo alta, otros problemas…). Bien, nos quedamos hoy con la deuda pública y matizamos detalles importantes sobre ella.
Se habla mucho de la deuda pública como un problema de las economías, vamos a ver si es tal problema. Cuando los Tesoros necesitan cubrir un déficit o les hace falta hacer una gran inversión, se recurre a la deuda pública, generalmente bonos, letras del Tesoro y obligaciones del Tesoro. Estos instrumentos de financiación detraen dinero del mercado, es decir, ayudan a disminuir el dinero en el mercado y, por lo tanto, disminuye la posibilidad de inflación. Lo extraño es que esta característica es el objetivo más buscado de los que son enemigos de la deuda, es más, la emisión de deuda rebaja el nivel de los impuestos sin la cual deberían subir su nivel.
Cuando se emite deuda, la compran bancos comerciales, fondos de pensiones, aseguradoras y particulares generalmente a través de intermediarios. Como sabéis perfectamente, los bonos, por ejemplo, tienen un rendimiento y un plazo de vencimiento. Cada año te pagarán los intereses (cupón) y al final te devuelven el principal aportado en la compra, pero los bonos tienen su mercado, así que su valor puede subir y bajar que es otra oportunidad de ganar dinero. En otro caso, te esperas al vencimiento y recibes lo esperado al inicio.
Una de las cuestiones más contraintuitivas alrededor del bono es esa relación inversa entre el precio de un bono y su rendimiento o tipo de interés que pagan. Es una de las cosas más importantes y a veces confusas que hay que saber respecto a los bonos, si quieres trabajar con ellos en el mercado durante su vida hasta el vencimiento. La idea es sencilla, cuando los tipos de interés del mercado suben, el precio de los bonos que ya están emitidos baja, y viceversa. Sí, los que no estén acostumbrados a operar con bonos -como me pasa a mí- necesitas engañar a la mente para ponerme en la posición segura con los bonos. Eso de que cuando el tipo de interés sube, el precio de los bonos emitidos bajan es chocante pero veamos su lógica: si los tipos suben, los próximos bonos que se emitan tendrán un rendimiento superior y serán más buscados en el futuro, luego los tuyos tendrán que bajar el precio para poder venderse o, tienes que esperar a que venzan. Por el contrario, si los tipos de interés bajan, el precio de los bonos existentes con mayor rendimiento subirán. Una aclaración, cuando se emiten los bonos, se ejecuta su colocación mediante una subasta, en muchas ocasiones hay que ajustar el precio para que se puedan colocar en el mercado, rompiendo algo la lógica comentada.
Vayamos directamente al final de su plazo y de su redención, lo que supone pagarle al poseedor del bono -que puede no ser el comprador original- por su nominal. No ese dinero nuevo porque ya fue emitido en su momento y fue sacado del mercado, luego no crea inflación. Ese dinero vuelve a su casa, vuelve al mercado. Los pagos por el cupón -el rendimiento del bono- sí sería dinero nuevo, pero siempre es una pequeña cantidad aunque se multiplica por muchos bonos. Huelga decir que los gobiernos aprovechan los momentos de intereses bajos para emitir deuda o para emitir más deuda de la necesaria para cubrir su déficit y cancelar bonos con rendimientos más altos, lo que hace pagar más cupón por el Tesoro.
Podría ser que el bono hubiera entrado en algún QE y estuviera en el balance de un banco central tras haberlo comprado generalmente a un banco comercial y, si es en la UE, su estancia en el banco central será temporal, pero si fuera la Fed o con el Banco de Inglaterra, por ejemplo, podría formar parte de ese 15-20% de deuda que se queda en el balance de forma indefinida y que se podría llamar una emisión monetaria indirecta. Cuando el bono está en el balance del banco central -pongamos la Fed- le genera un rendimiento, pero que no deja de ser una transferencia entre dos bolsillos de la misma Administración norteamericana. En el caso de la UE, es cada banco central regional quien ejecuta los QEs por orden del BCE, porque en la UE hay muchos bolsillos diferentes con los diversos Tesoros, uno para cada miembro, lo que no facilita su función al BCE.
Hay otra visión de la deuda pública. Los bonos del gobierno (la deuda pública) no son una carga o un simple préstamo en el sentido habitual, sino un componente de la riqueza financiera neta del sector privado y se basan en la contabilidad macroeconómica y el dinero. Dicho de otra forma, cuando el gobierno gasta más de lo que ingresa tiene un déficit, lo que significa que está inyectando dinero al sector privado. Si el gobierno emite bonos para financiar su déficit, esos bonos son comprados por individuos, empresas, fondos, aseguradoras o bancos comerciales. Para los individuos -el sector privado- un bono del Tesoro es un activo financiero, es decir, algo que les debe el Estado. En definitiva, lo que es un pasivo para el Tesoro -una deuda-, es un activo -riqueza/ahorro- para los ciudadanos. Por lo tanto, el stock de bonos contribuye a la riqueza financiera neta del sector privado.
Con esta visión, el bono no es el problema sino la solución para que el sector privado tenga una forma segura y líquida de ahorrar y, de paso, ayuda al banco central a mantener la estabilidad de los tipos de interés. Es una forma de compartir la riqueza financiera del sector público con los ciudadanos. Una visión heterodoxa, pero vale la pena recorrer esta ruta porque las otras parecen dogmas inmutables.
