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Ratio Deuda/PIB: ¿Un sinsentido macroeconómico que mueve al mundo?

¿Alguna vez te has fijado en que siempre medimos la salud de un país comparando su deuda pública con su PIB? Decimos con naturalidad «la deuda pública de España es del 100.7% del PIB». Lo vemos tanto que olvidamos un detalle macroeconómico que es una auténtica locura contable: estamos comparando un stock con un flujo.

Es el equivalente a medir la cantidad de agua que hay dentro de una piscina (litros) usando la velocidad del grifo que la llena (litros por minuto). Son unidades de naturaleza totalmente distinta. Para aclararlo más: estamos comparando la hipoteca acumulada con el salario anual.

Pasivos monetarios frente a un flujo anual

Para entender esta comparación en unidades corrientes (es decir, a precios de cada año, incluyendo la inflación), hay que diseccionar qué estamos midiendo exactamente. La Deuda es un stock, una foto fija. Representa el dinero total (pasivos financieros) que un Estado debe en un momento exacto. El PIB es un Flujo, una película. Representa el flujo monetario nacional generado durante un año entero.

Al cruzarlos, el ratio Deuda/PIB responde a una sola pregunta: ¿Qué tamaño monetario tiene la economía respecto a sus obligaciones financieras? Es una métrica de capacidad de pago. Nos dice cuántos años de flujo monetario nacional necesitaría un país para liquidar sus pasivos acumulados si dedicara el 100% de su economía a ello. Exactamente igual que hipoteca/salario.

La magia del nominal: Cómo reducir la deuda sin pagar un céntimo

Aquí es donde la cosa se pone interesante. Al usar unidades corrientes (nominales), la clave de la sostenibilidad no es pagar la deuda masivamente ni aplicar una austeridad extrema que ahogue la economía. Lo lógico y eficaz es medir si el crecimiento nominal del PIB es mayor al tipo de interés de la deuda.

Si el PIB nominal crece más rápido de lo que promedia el tipo de interés que pagas por tus bonos, ocurre la magia: el ratio Deuda/PIB se reduce incluso cuando la deuda absoluta sigue creciendo. Esto se logra mediante un cóctel de tres ingredientes: Inflación moderada: Eleva el PIB nominal (el denominador) de forma automática. Crecimiento nominal: La economía se mueve y genera más transacciones monetarias. Represión financiera: El Banco Central mantiene los tipos de interés de la deuda artificialmente bajos, por debajo de la inflación.

A esto se le llama «licuar» la deuda. El flujo nominal crece tanto que el stock del pasado empieza a parecer más pequeño en comparación.

Un problema monetario, no físico (de unidades de producción)

Esta dinámica nos deja una lección fundamental. La sostenibilidad de la deuda de un país no es un problema físico de producción de patatas o coches, sino un asunto estrictamente monetario-financiero.

Por eso -como ya hemos comentado-, aquellos países que cuentan con una inflación moderada, una moneda estable, un Banco Central serio y tipos de interés bajo control, pueden permitirse el lujo de sostener ratios de deuda extremadamente altos. No necesitan el drama de la austeridad; les basta con gestionar bien la relación entre su flujo monetario anual y sus obligaciones acumuladas.

Entonces, ¿debemos medir así o no?

Metodológicamente es la forma correcta si lo que quieres es entender el truco detrás de la sostenibilidad de un país. Para ver si una deuda es sostenible a largo plazo, la fórmula matemática que usan los economistas no es mirar si el stock es grande, sino la relación entre dos variables nominales:

Crecimiento del PIB Nominal >Tipo de Interés de la Deuda

Si se cumple esa condición, el ratio Deuda/PIB va a bajar sola, aunque el gobierno siga pidiendo dinero prestado y la deuda total aumente en números absolutos.

Por qué este enfoque cambia las reglas del juego

Mirarlo de esta manera desmonta el mito de que un país con mucha deuda tiene que quebrar por fuerza o aplicar recortes brutales. El secreto está en cómo juegas con el flujo monetario: no hace falta pagar la deuda: ningún Estado busca devolver el total de su deuda para quedarse a cero. Lo que buscan es que la economía (el flujo) crezca más rápido de lo que se acumulan los intereses (el stock). La inflación es tu aliada (moderada): Como estamos midiendo en unidades corrientes (nominales), si hay inflación, el PIB nominal sube de golpe. El «salario» del país aumenta sobre el papel, haciendo que la «hipoteca» parezca más pequeña. La clave es el Banco Central: Si el banco central mantiene los tipos de interés bajos (represión financiera) mientras la economía nominal crece, el país está licuando su deuda de forma invisible.

¿Es perfecto el indicador Deuda/PIB? No, porque estructuralmente sigue siendo una aberración contable comparar un stock con un flujo (recuerde, tu hipoteca total contra tu sueldo de este año).

Pero sí es correcto analizarlo bajo el enfoque comentado, porque demuestra que la sostenibilidad de un país no es un problema de «producción real» (si fabricas más o menos coches), sino un juego puramente monetario y financiero.

En definitiva, si un país controla su moneda, tiene tipos bajos y su PIB nominal sube, puede mantener una deuda gigantesca eternamente sin despeinarse.

Otros posts relativos al tema: Cuando la deuda crece más rápido que la economía y lo que eso nos enseña del dinero El papel anticíclico de la deuda pública y la espiral deflacionaria de la deuda privada

Una mención especial al compañero economista Antonio Beneyto, que me llevó a profundizar en este tema con sus aportaciones.

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