Ciclos económicos, Déficit fiscal, Deuda pública, Dinero, Emisión monetaria, Endeudamiento, Gasto Fiscal, Impuestos, Inflación- Deflación, Mercado clave, Modern Monetary Theory - MMT, Política económica, Política fiscal, Política monetaria, Sistema impositivo, Sistema Monetario

El mito y la superstición del presupuesto del Estado

Paul Samuelson, premio Nobel de economía, ya advertía sobre la importancia de no tomar los presupuestos gubernamentales como verdades absolutas. Aunque un presupuesto muestre superávit, esto no garantiza automáticamente que la economía esté en equilibrio real, y Samuelson cuestionaba cómo se interpretan esas cifras. Sin embargo, muchas falacias y mitos sobre el déficit se siguen repitiendo como si fueran dogmas, tanto por economistas académicos como de mercado, sin considerar sus limitaciones y contexto.

La realidad es simple: el déficit no es malo. Su sentido depende de a qué se destine el gasto y del contexto económico en el que se produce.

El presupuesto del Estado no es el de tu hogar

El presupuesto de una nación no funciona como el de un hogar, una comunidad autónoma o una empresa. Los hogares tienen ingresos limitados y solo pueden gastar más si se endeudan; además, los gastos tienen un destino específico: comprar una vivienda, un coche, cubrir salud o disfrutar de un viaje. En cambio, un Estado que emite su propia moneda no tiene ese límite estricto (los bancos centrales que tienen esa potestad, que no es el caso de la UE) y también existen otros instrumentos que facilitan la disponibilidad de dinero como los QEs. Un déficit razonable no es un problema, y endeudarse hasta un nivel lógico tampoco lo es.

Herramienta de gestión: cómo usar el presupuesto

Cualquiera que haya manejado un presupuesto con variables abiertas -como las ventas a clientes- sabe que es una herramienta de planificación, no una regla inamovible. Permite ver cómo casar desviaciones y ajustar recursos según las contingencias que surjan.

En el presupuesto del Estado sucede lo mismo. Variables difíciles de prever, como el ahorro privado, pueden obligar a gastar más o menos para evitar inflación o deflación. Lo importante es usar el presupuesto como guía de gestión, no como dogma.

Impacto de la moneda soberana y el contexto internacional

Algunos países tienen la ventaja de que su moneda soberana es demandada globalmente, permitiendo que una gran parte de su dinero se mantenga fuera del país en forma de ahorro en dólares u otras divisas. Esto permite déficits que compensan esa situación sin riesgo para la economía interna.

Para países sin esa suerte, como muchos de la UE, hay que amoldarse a las circunstancias. Aun así, se pueden mantener déficits razonables sin problemas, especialmente cuando el BCE respalda a los miembros en apuros.

Déficits razonables: una necesidad, no un pecado

Un superávit estricto no siempre es beneficioso. Si el Estado tuviera superávit, los recursos del gasto no se volcarían al sector privado, limitando la inversión y el consumo. Endeudarse como Estado es menos problemático que endeudarse como individuo, porque sabe de dónde puede redimir su deuda y tiene capacidad de emitir moneda propia.

Romper el mito y usar la lógica

El déficit del Estado no es un pecado ni un error fatal. Lo relevante es cómo se gestiona, a qué se destina el gasto y cuál es el contexto macroeconómico. Entender que el presupuesto estatal no es un presupuesto doméstico nos libera del miedo infundado y permite valorar el gasto público como herramienta de crecimiento, estabilidad y flexibilidad económica.

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