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La Praxeología o cómo ignorar los datos para tener siempre la razón

Pienso, luego la realidad se equivoca

La praxeología, popularizada por Ludwig von Mises, se basa en el axioma de la acción humana: el ser humano actúa de forma deliberada para pasar de un estado menos satisfactorio a uno más satisfactorio.

Lo curioso es que Mises planteó esto como un sistema a priori. Es decir, es como la geometría, no necesitas medir cada triángulo del universo para saber que sus ángulos suman 180 grados. Para un praxeólogo, las leyes económicas se deducen lógicamente desde el despacho, y si los datos estadísticos dicen lo contrario, el problema no es la teoría, sino que los datos están mal medidos o el contexto es impuro.

Los propios disidentes austriacos

No todos en la Escuela Austriaca compraron el pack completo de Mises. La fractura más famosa es la de Friedrich Hayek.

Mises creía que podíamos alcanzar verdades absolutas mediante la pura lógica. Hayek, se alejó de la praxeología pura para centrarse en el conocimiento disperso y el orden espontáneo (la magia milagrosa). Para Hayek, la economía es demasiado compleja para entenderla solo con lógica, depende de la experiencia, las instituciones y el aprendizaje social. Mientras Mises buscaba la certeza matemática de la lógica, Hayek -ante la incertidumbre-, abrazo la humildad.

De la lógica a la clarividencia

El lío de heredar un sistema que se siente infalible es que se te sube el pavo y te crees más listo y más digno que nadie por esa superioridad intelectual y moral heredada. Al final, esa actitud ha hecho que los seguidores más intensos acaben cayendo siempre en los mismos tres vicios de manual. La praxeología es el «Porque yo lo digo» elevado a categoría de ciencia. Es un sistema donde si la lógica de tu cabeza choca con la realidad de la calle, la que está mal es la calle. Por eso muchos austriacos parecen videntes de telediario: como se creen dueños de unas verdades absolutas que no necesitan pruebas, te sueltan el sermón con una condescendencia que asusta. En lugar de mirar los datos y adaptarse, se encierran en su despacho a deducir cómo funciona el mundo y, si luego los números no cuadran, te dicen que es que no sabes de lógica o que el mercado está manipulado. Es la excusa perfecta para no tener que admitir un error jamás.

El peligro del sistema cerrado

La praxeología es una herramienta brillante para entender los incentivos individuales, pero cuando se convierte en una religión que niega la realidad observable, deja de ser economía para convertirse en metafísica. El resultado es un grupo de seguidores que no analizan el mundo como es, sino que le dicen al mundo cómo debería comportarse para no estropear su impecable teoría lógica.

Mises pudo haber llegado a lo más alto en lo profesional. Nacido en la Galicia ucraniana y curtido en Austria y Alemania, a este austrohúngaro le tocó huir a EE. UU. por su origen judío y buscarse la vida a pesar del tremendo currículum que ya traía bajo el brazo. Pasó épocas de vacas flacas en la universidad americana, sobreviviendo gracias a cátedras privadas financiadas por empresas. En veinticuatro años en los EE.UU., sólo consideró dirigir cuatro tesis doctorales que lo ameritaran verdaderamente. Era un tipo cuadriculado, seco, estricto y perfeccionista hasta la médula… muy praxeólogo, ¡vamos!

No quiero dejar pasar este tema sin nombrar a la conocida familia valenciana Reig Albiol, que ayudaron a difundir las ideas de Mises y más tarde de Hayek por Hispanoamérica, al traducir (Joaquín Reig Albiol), La acción humana al español. Comento esta información porque es desconocida para muchos austriacos de postín. ¿Se puede ser un buen austriaco leyendo poco? Para algunos de ellos sí, para Mises y para los Reig Albiol, desde luego, no.

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