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¿Toda emisión monetaria crea inflación? El mito monetarista al descubierto

He trabajado muchos años en consultoría de gestión de precios y nunca he visto que las empresas quisieran subir los precios porque hubiera habido una nueva emisión monetaria o varias de ellas. Ni lo sabían, ni siquiera sabían de ese posible efecto pernicioso. La subida de precios siempre tenía otras razones, en algunos casos eran hasta arbitrarias. Tampoco me dijeron nunca que había que subir el precio porque la venta iba muy bien y se notaba que había más dinero en el mercado. Es más, fijar un precio y destrozarlo posteriormente con los descuentos era lo más frecuente. De hecho, mi recomendación se centraba en determinar qué precios debían subir y cuáles bajar, para no hacer subidas generalizadas anualmente desoyendo la elasticidad de cada producto o familia de ellos. Si se es un verdadero marginalista -todos los austriacos deben serlo por obligación-, se tienen que ajustar los precios al valor percibido por los clientes a sus precios de reserva, que no tendrá nada que ver con los costes acometidos para fabricar el producto o para proveerse de ellos y, eso, no tiene nada que ver con la emisión de dinero.

Los monetaristas y sus seguidores a ciegas, temen a la emisión monetaria más que a morirse o eso dicen porque si les pilla el toro de la crisis harán lo que haga falta, basta con comprobar lo que pasó en 2008. Como he comentado en muchas ocasiones, la inflación es un fenómeno multicausal y la emisión monetaria sólo es una de ellas y, en ciertas circunstancias no la genera o es muy pequeño su efecto. Entonces, la emisión monetaria sigue dos rutas de circunstancias, una que puede generar inflación -que no es nunca tan directa y mucho menos en una relación de uno a uno respecto a la emisión monetaria y, otra, en la que no se genera inflación o es muy baja. Es necesario concluir lo siguiente y que me perdone Milton Friedman y sus herederos políticos: La inflación NO es siempre ni en todo lugar un fenómeno monetario. Los datos empíricos así lo demuestran y citaremos ejemplos de las circunstancias diferenciadoras.

La cuestión que vamos a desarrollar es, ¿cómo concretamente se convierte la emisión de dinero en inflación? La narrativa típica de manual del perfecto monetarista es: más dinero = más inflación, pero parece demasiado directa y mecánica, y, cuando la miras de cerca -efectivamente- se tambalea. la fuerza de la narrativa simple es brital, te explican algo, lo entiendes y crees que los has leído en la Tablas de la ley de Moisés.

En primer lugar, La emisión monetaria no es neutral, no crea un efecto uniforme y automático, es decir, no llega a todos al mismo tiempo ni en la misma proporción como bien dijo Cantillon: los primeros receptores del dinero (bancos, Estado, grandes empresas con acceso al crédito barato) pueden gastar con precios aún no ajustados, mientras que quienes lo reciben tarde o nunca, sufren ya los precios más altos. De todos es sabido que -cuando hay inflación- los precios van en ascensor y los salarios por las escaleras. Además, si atendemos a la forma en la que se crea la inmensa mayoría del dinero: a través de los bancos comerciales y el proceso préstamo-depósito, no necesitando siquiera ahorro como algunos ingenuos creen.

En segundo lugar, en los países con moneda soberana, nadie recibe un SMS del banco central o del Tesoro diciendo “Se han emitido 10.000 millones más, gasta deprisa”. Si esas subidas se expanden (por costes, expectativas, escasez o por el efecto demostración o imitación de otros grupos sociales), entonces vemos inflación más generalizada y perdurable en el tiempo. Pero no es un proceso automático ni lineal. Lo que ocurre es mucho más sutil, al inyectarse dinero en determinados sectores (crédito hipotecario, gasto público, ayudas, etc.), sube la demanda en esos nichos concretos, y allí los precios responden al alza. Normalmente, se suele dar el Efecto arrastre, en el que unos sectores van influyendo en otros produciéndose cierto contagio.

En tercer lugar, con la inflación, las expectativas son cruciales. Si los bancos esperan más inflación, endurecen condiciones de crédito. Es decir, parte de la transmisión no es por el dinero físico circulando, sino por la percepción de que los precios van a tender a subir. Si las empresas creen que los precios en general van a subir, ajustan sus precios antes de que se dé el hecho alcista. Para cerrar el proceso, si los sindicatos piensan que el poder adquisitivo caerá, piden subidas salariales compensatorias, aunque lleguen tarde (inflación de segunda ronda).

Dicho lo anterior, ahora hay que concluir que emitir dinero no siempre genera inflación y que depende de las circunstancias. Por ejemplo, Japón lleva tres décadas inyectando liquidez con inflación mínima. En la crisis de 2008-2014, los QEs inflaron activos financieros y bolsa más que precios de consumo por su estructura de acción. En la pandemia, el shock de oferta más estímulos fiscales sí acabó trasladándose más al IPC. Luego, la relación entre base monetaria y precios depende del contexto institucional en el que se dé, de las expectativas de alzas de precios y los canales de transmisión.

La inflación viene filtrada por los recursos disponibles (capacidad productiva) de una economía, su nivel de desempleo, su productividad, dependencia del exterior y de la inflación en los países desde los que se importa, etcétera. Ignorar estos catalizadores es no querer saber las causas verdaderas de la inflación.

Milton Friedman hizo su comentario en un discurso en la India y su objetivo al decir lo de «La inflación es siempre y en todo lugar…» era argumental y pedagógico. Al volver a casa, se dio cuenta del efecto de su frase sobre los americanos y la incorporó a su caja de herramientas. También hay que decir que la famosa sentencia no se acabó ahí y que seguía explicando. No es una falacia total, sirve para explicar que si hay más dinero persiguiendo la misma cantidad de bienes, los precios tienden a subir, pero no todos los precios suben al mismo ritmo; no todo el dinero extra llega al consumo y, puede canalizarse hacia activos, ahorro, o quedarse atascado en los balances bancarios.

Por lo tanto, queda totalmente claro es que que la inflación no es un fenómeno puramente monetario, sino resultado de la interacción entre política monetaria (emisión, tipos, crédito), política fiscal (gasto público y déficits), oferta real de bienes y servicios y, expectativas y poder de negociación. El dinero nuevo no actúa mágicamente sobre los precios, pasa por canales concretos (bancos, Estado, empresas) y genera inflación sólo si se transforma en demanda efectiva, encuentra restricciones de oferta y se consolidan expectativas inflacionarias.

Si ayudo a aclarar las causas verdaderas de la inflación o a sembrar cierta duda en los convencidos respecto lo que dijo Milton Friedman, me quedaré plenamente satisfecho.

Quien quiera profundizar en el tema de la mano de un gran economista, que lea el libro de José Luis Sampedro y Carlos Berzosa: «La inflación (al alcance de los ministros)«. Un pequeño libro con un gran contenido.

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2 comentarios sobre “¿Toda emisión monetaria crea inflación? El mito monetarista al descubierto”

  1. Un articulo interesante sobre un tema muy importante -la inflación y la emisión de dinero- que la literatura y los economistas no acaban de conciliar.
    Artículos como este nos ayuda a comprender un poco más la economia a los no economistas.

    Gracias.

    1. Gracias a ti Luis! El BCE tiene toda la potestad monetaria y los países miembros no pueden hacer nada sin su licencia, hasta está prohibido por ley monetizar la deuda. Cada año se imprime -para reposición de billetes dañados exclusivamente- menos. Sin embargo, se sigue dando la vara con el tema. La UE tiene por diseño una moneda soberana no plena, así que no somos ni Venezuela ni Argentina ni EE.UU. ni Japón ni Reino Unido…
      «La máquina de imprimir» la tienen los bancos comerciales mediante el mecanismo préstamo/depósito que no requiere ahorro -como algunos dicen-, lo crean de la nada. Ni siquiera el multiplicador del dinero es real.

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