
Conocer -o intuir- el ciclo económico es uno de los fundamentos de la economía. También existe un ciclo financiero crediticio que muchos quieren ligar al general y sin duda tiene una estrecha relación, aunque hay más discrepancias en si uno provoca al otro o éste al primero. La cuestión es que el desarrollo de las herramientas de software analítico y el abaratamiento del hardware, ha facilitado el estudio de las series temporales para percibir cambios, sus etapas y analizar las posibles causas, pero sigue sin haber consenso porque los ciclos económicos -como no puede ser de otra forma- es multicausal y, sobre todas las causas, la principal es el comportamiento de ser humano incapaz de aprender de sus excesos anteriores.
Revisemos el concepto de ciclo económico para definir claramente sobre lo que vamos a tratar, aunque todos tenemos bastante claro el concepto, conviene que maticemos algún aspecto, así como sus etapas.
Los ciclos económicos son las oscilaciones de la economía entre periodos de expansión y contracción. Afectan a variables macroeconómicas clave como el Producto Interno Bruto (PIB), el empleo, el ingreso y la producción industrial.
Un ciclo completo se compone de cuatro fases principales: Expansión, la economía crece, el empleo aumenta, y la producción y el consumo se expanden; Pico, el punto más alto del crecimiento económico, justo antes de que la economía comience a desacelerarse; Contracción (Recesión), la actividad económica se ralentiza, el PIB disminuye, y el desempleo aumenta; Valle (Depresión), el punto más bajo del ciclo, donde la actividad económica alcanza su nivel mínimo.
A pesar de llamarse «ciclos», no son perfectamente regulares ni predecibles en su duración o intensidad. Varían en el tiempo y pueden ser causados por una variedad de factores, incluyendo los choques de demanda y oferta que más tarde comentaremos.
El ciclo del crédito (o ciclo financiero) es, para muchos economistas actuales, incluso más determinante que el ciclo de inventarios o el de inversión. Mientras que el ciclo económico se mide con el PIB, el ciclo del crédito se mide con la deuda y el apalancamiento. El ciclo del crédito suele ser mucho más largo y profundo que los ciclos de negocios habituales (Juglar). Mientras que un ciclo económico dura unos 8-10 años, un ciclo de deuda a largo plazo puede durar entre 50 y 75 años. Esto explica por qué, cuando explota una burbuja crediticia (como en 2008), la recuperación es mucho más lenta que en una recesión normal.
Voy a dar una vuelta por las visiones que me parecen con argumentos bien fundamentados, aunque para todos los economistas que han aportado su opinión, y para un servidor, la ideología marca unas preferencias aunque yo diría que indirectamente, todos los planteamientos tienen puntos en común que intentaré resaltar al final del post.
Comenzaremos con las ondas de Kondrátiev (o “K-waves”) que son ciclos económicos de largo plazo, típicamente de 40-60 años, impulsados por innovaciones tecnológicas, cambios estructurales, etcétera. En su fase ascendente tienden a aparecer grandes innovaciones, expansión, crecimiento, inversión tecnológica, buenas condiciones macroeconómicas; y, en la fase descendente, se reducen los impulsos, hay crisis, recesión, transformación, etcétera.
El marco de trabajo Kondratiev, conocido por todos los egresados de los estudios económicos tiene algunas limitaciones: falta de precisión en la predicción temporal, las ondas varían mucho (fechas de comienzo y final) según el autor, según el país y según el indicador. Los ciclos largos sean más útiles para análisis retrospectivo que para predicciones concretas. Los shocks exógenos (pandemias, guerras, crisis financieras grandes, cambio climático) pueden distorsionar mucho el patrón esperado. En economías muy globalizadas, las interdependencias pueden hacer que los patrones locales no sigan los esquemas clásicos, por ejemplo, una innovación significativa en un país puede generar efectos globales pero también alterar el ritmo.
El planteamiento de Schumpeter, que posiblemente fue quien más defendió y sistematizó las ondas largas, vinculándolas a las oleadas de innovación. Para Schumpeter, cada onda provenía de un conjunto de innovaciones radicales.
Para los economistas neoclásicos, los ciclos largos no tenían rigor estadístico y que las fluctuaciones se explicaban mejor mediante choques de demanda y oferta a corto plazo.
Aclaramos el concepto de shocks de oferta y demanda -como habíamos anunciado anteriormente- diciendo que se refieren a eventos inesperados y exógenos al sistema económico interno que alteran el equilibrio macroeconómico, impactando los precios y la producción de una economía. Esos shocks que afectan a la demanda y/o a la oferta, lo pueden hacer positiva o negativamente para cada una de ellas. Por citar un ejemplo de cada uno: por parte de la demanda, una reducción de impuestos puede incrementar la demanda; una guerra puede reducir el consumo. Por parte de la oferta, una sequía puede reducir la oferta y una innovación que reduce el coste de producción puede aumentarla. Como consecuencia, un shock de demanda positivo aumenta tanto el precio como la producción y uno negativo hace lo contrario, reduciendo precios y producción. Un shock de oferta positivo aumenta la producción y reduce los precios. Un shock de oferta negativo reduce la producción y aumenta los precios (estanflación).

Hoy en día, se pone más el foco en los Business Cycles, que son más manejables para la política económica y las decisiones de inversión. Los economistas y las instituciones financieras se centran sobre todo en estas clasificaciones:
Ciclos medios o de Juglar, con una duración entre 7 y 11 años, centrados en las fluctuaciones de la inversión en las empresas especialmente en capital fijo. Estos son los que se tienen en mente cuando hablamos comúnmente de ciclo económico, con la secuencia comentada de expansión (crecimiento), auge (pico), recesión (contracción) y depresión/crisis (valle).
Ciclos cortos o de Kitchin, con una duración de 3 a 5 años, centrados en las fluctuaciones de los inventarios o existencias de las empresas, ya que éstas acumulan cuando el ciclo va bien y cuando no va bien reducen el stock generado provocando una minio recesión. Son la base de esos movimientos más rápidos y frecuentes de la actividad económica, a menudo ligados al sentimiento de los negocios a corto plazo.
El interés actual se ha desplazado de los ciclos muy largos como el Kondrátiev, basados generalmente en revoluciones tecnológicas y difíciles de medir o de predecir para el corto plazo, hacia ciclos más cortos. Así que, los ciclos de Juglar son los que definen el ritmo principal del sube y baja de la economía que nos importa más a corto y medio plazo, y los ciclos de Kitchin explican muchas de las variaciones más rápidas.
Podríamos afirmar que hay dos factores que fundamentan las causas de los ciclos: la hegemonía de algunos países, sus intereses y la evolución de la tecnología. Obviamente ambos dos factores se ven con frecuencia unidos. Basta ver cómo EE.UU. y China compiten actualmente por el liderazgo tecnológico que antaño ostentaron Inglaterra, Japón o Alemania, por ejemplo.
Al tratar los ciclos económicos, nos obligamos realizar un análisis de la situación actual mundial respecto a los ciclos económicos: Estamos saliendo de una fase bastante difícil, con crisis (financieras, pandemias, inflación) que podrían marcar el final parcial del declive de la quinta onda.
Es probable que esta fase nueva no sea tan parecida a anteriores ondas, dada la magnitud de los retos (cambios climáticos, desequilibrios geopolíticos, envejecimiento demográfico, transformación ecológica), por lo que el upswing -fase ascendente o de expansión- podría tener un carácter algo distinto: menos centrado únicamente en manufacturas pesadas, más en conocimiento, servicios, digitalización, sostenibilidad. Desde luego, es muy probable que las crisis de 2008 y del C-19 haya alterado el proceso de los propios ciclos y lo que nos espera sea realmente difícil de predecir, al menos, en cuanto su momento e intensidad, pero intuimos que está cerca el cambio de ciclo, son muchos los factores dinamizadores positivos y negativos que están encima de la mesa (amenaza de guerra, crédito, deuda privada, cambio tecnológico disruptivo como la IA, nuevo hegemón (por China), preocupación por el medio ambiente, movimientos migratorios, agotamiento del PIB de los países europeos…) que apuntan hacia un posible arranque de la sexta onda, tras las que ya hemos conocido (Vapor/Textil (1ª), Ferrocarril/Acero (2ª), Electricidad/Química (3ª), Petróleo/Automóvil (4ª) e Información/Tecnologías Digitales (5ª)
