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El cambio que viene por la IA no será tecnológico sino antropológico

Si John Maynard Keynes conviviese con nosotros en la actualidad, seguro que nos diría algo así como: ¡Ya os he comentado que el futuro es sólo incertidumbre! No obstante, el futuro, nuestro futuro, tiene dos componentes. El primer factor es el tecnológico; no cabe ninguna duda que la automatización de procesos de todo tipo, tanto administrativos como industriales, de cuidado de la salud, constructivos, comerciales, gestión de los hogares, etcétera, dominarán nuestro día a día. Concurrentemente con esos avances, habrá una una industria de su desarrollo, producción y mejora, el cual dará ocupación a muchas personas especializadas y de gran capacidad. Previamente, se habrá producido un cambio radical que tengo que describir con la ayuda de la prospectiva y de la inercia de la tecnología: por lo que hemos recibido un salario o hemos facturado durante mucho tiempo y desde Taylor -el saber especializado en conjunto con la experiencia- perderá casi todo su valor. Ese saber será reproducible a coste marginal cero y no so reproduce nuestro saber hacer sino que lo hace mejor y más rápido, de forma consistente, sin cansancio 24×7, sin sesgos cognitivos ni políticos ni deterioro humano por la edad, con memoria y capacidad de procesamiento muy superior y de actualización y mejora continua.

Esto tendrá consecuencias económicas claras

Este hecho, me refiero a la pérdida de valor del saber especializado por el traspaso de esa función a la IA y exceptuando algunos sectores muy tecnológicos que requerirán profesionales de gran capacidad y creatividad, el resto de personas pasarán a otras actividades diferentes a las que han venido desarrollando en años, otras en siglos y algunas durante miles de años que, supondrán la mayoría de las intelectuales, pero también las manuales.

Una vez que ya hemos comentado el primer componente, vamos a tratar el segundo componente, que es el papel del ser humano en esa época de la IA y la automatización generalizada. Por una parte, los de más experiencia y capacidad se dedicarán de forma generalista a sacar el sentido a la IA aplicada, a decir qué IA usar, a realizar las preguntas adecuadas, a concluir acciones determinadas a partir del análisis realizada por la IA, etcétera. Tampoco hay que olvidar que las máquinas no lideran equipos, no gestionan conflictos, ni alinean intereses ni construyen confianza.

La mayoría de personas formará otro grupo social, el mayor sin lugar a dudas, que se verá inmerso en otro juego que -como el Monopoly- recibirá una serie de recursos -varios mecanismos son posibles- que le cubrirá una vida mínimamente digna y el resto tendrá que ser conseguido mediante sus actividades amateur o profesionales. No hay que perderse que si sólo recibiese recursos la mitad de la población, esa sociedad no sería viable ni económica ni socialmente.

Entonces, las grandes empresas que operarán en régimen de oligopolio o incluso de monopolio los servicios de la IA, del comercio electrónico, de la distribución de la electricidad, de los servicios bancarios, etcétera, ¿estarán por la labor de pagar grandes impuestos y de competir como vislumbraba Adam Smith el efecto de la mano invisible? Esa será la labor de los gobiernos y podrán recibir nuestro «castigo» si no se comportan con nobleza competitiva suficiente, para ello se requerirá que se eviten acuerdos colusorios entre proveedores. Lo que antes se distribuía como renta del trabajo cualificado, ahora se concentra como renta del capital (quien controla modelos, chips, datos, infraestructura). La herramienta de defensa de la mayoría será que sin clientes no hay proveedores.

Retorno a la verdadera naturaleza humana

¿Esa es una mala noticia? Yo entiendo que -claramente- no, porque a la vista del porcentaje de absentismo laboral que hay y de lo harta que dice estar la gente de su trabajo, será pasar a una nueva dimensión. Es por eso por lo que hay depresiones en septiembre tras la vuelta de las vacaciones, ¿no?

La tendencia será hacia la pulsión de cada persona, como cuando se jubila un trabajador: cuidar tradiciones locales, búsqueda de elementos coleccionables, deportes individuales y en grupo, senderismo, retos personales, vivir en entornos naturales, viajar de forma experiencial, aplicaciones innovadoras de la IA existente, cuidados personales a otras personas, narrativa, filosofía, cocina tradicional o innovadora, organizar eventos personalizados y de grupos, gestores de la vida ociosa de otros, desarrollo de la mente, cultivar alimentos, cuidar jardines, dar conferencias, seguir aprendiendo…

Es curioso que lo que Karl Marx predijese y marcase como objetivo del fin del capitalismo por su propia deriva, sea el mismo desarrollo del capitalismo el que nos lleve a esa «situación de liberación», como el retorno a la verdadera naturaleza humana.

Lógicamente, este será un proceso que llevará tiempo aunque se va acelerando cada año y que yo quiero predecir para 2050 por los patrones de desarrollo de la tecnología de la que he sido testigo profesional durante cuarenta años y que hacen pensar que en veinticinco años más, estaremos en la situación descrita en el post. Tal vez, las previsiones de las pensiones hasta 2050 mantengan alguna relación. En este periodo de implantación del nuevo modelo, las tareas manuales y de micro intervención como electricistas, fontaneros, albañiles, persianeros, pintores, etcétera, tendrán su oportunidad histórica, pero eso seguro que ya lo saben sin esperar al futuro…

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