Ciclos económicos, Dinero, Emisión monetaria, Endeudamiento, Gasto Fiscal, Impuestos, Inflación, Inflación- Deflación, Macroeconomía, Microeconomía, Oferta y demanda, Política económica, Política fiscal, Política monetaria

Cuando nos hablan de inflación refiriéndose sólo al IPC, es sólo una parte de la verdad

Inflación más allá del IPC: El peligro de ignorar la vivienda y los activos

Cuando los medios de información, los gobiernos y otros emisores de contenidos nos hablan de la inflación, normalmente se refieren sólo al IPC. Es comprensible, ya que lo que más nos interesa a pie de calle es aquello que afecta directamente al coste de la vida cotidiana y a la cesta de la compra de los hogares. Sin embargo, esta métrica tradicional deja totalmente fuera elementos fundamentales de la economía real: la compra de vivienda en propiedad (aunque en algunos países se incluye el alquiler y ya hay métricas específicas), la maquinaria industrial, la energía a nivel mayorista y los bienes de capital en general.

Dejarse fuera estos componentes significa ignorar una parte crucial de la inflación y, sobre todo, perderse un avance claro de lo que vendrá en el futuro. Si los costes de la maquinaria y los bienes industriales se disparan hoy, es matemáticamente seguro que esos costes se trasladarán tarde o temprano al precio final de los productos elaborados. En definitiva, el IPC convencional deja por completo en un punto ciego la verdadera inflación de activos, de vivienda en propiedad y de activos financieros.

¿Qué incluye el IPC?

El Índice de Precios al Consumo (IPC) mide estrictamente la evolución de los precios de una cesta representativa de bienes y servicios de consumo destinados a satisfacer las necesidades de los hogares.

  • Incluye: alimentación y bebidas no alcohólicas, transporte, vestido y calzado, ocio y cultura, suministros energéticos del hogar, alquileres residenciales, entre otros servicios cotidianos.
  • No incluye (en su índice general tradicional): la compra de vivienda en propiedad —la cual se ha venido considerando tradicionalmente como una inversión de capital y no como un gasto de consumo corriente—, ni la adquisición de maquinaria industrial, naves o bienes de capital pesado.
  • El matiz actual: Aunque el IPC clásico sigue sin integrar la adquisición de vivienda, hoy en día tanto la metodología europea (a través del IPCA) como los organismos estadísticos nacionales (como el INE en España) han desarrollado índices específicos y métricas complementarias (como el índice de precios de vivienda adquirida por los hogares). No obstante, estos datos técnicos suelen publicarse de forma independiente y rara vez copan los titulares de los telediarios.

¿Qué pasa con la inflación de vivienda y de bienes de capital?

Para medir la evolución real y completa del precio de la vivienda en propiedad se recurre a otros instrumentos especializados (como el Índice de Precios de Vivienda – IPV del INE). Del mismo modo, para vigilar el comportamiento de las máquinas industriales, materias primas corporativas y bienes de inversión se utiliza el Índice de Precios Industriales (IPRI) o indicadores específicos de precios de bienes de equipo.

Esto demuestra que cada agregado económico cumple una función distinta y mide un aspecto muy concreto de la realidad financiera. Ninguno por sí solo cuenta la historia completa, de ahí la importancia de no mirar una sola métrica de forma aislada.

¿Nos engañan los gobiernos cuando hablan de inflación como IPC?

No se trata exactamente de un engaño deliberado, pero sí constituye una forma de información parcial e incompleta que distorsiona la percepción general de la economía.

Cuando los gobernantes, los bancos centrales o los grandes medios de comunicación hablan públicamente de “la inflación”, casi siempre reducen el concepto al IPC. Lo hacen porque es la medida estándar y la más directa para calcular la pérdida de poder adquisitivo de las familias. No obstante, al hacerlo, se oculta el hecho de que no se está reflejando toda la inflación real de la economía, ya que se descartan activos clave que mueven miles de millones cada año.

Un claro ejemplo histórico de esta desconexión ocurrió durante las burbujas inmobiliarias (como la vivida en España entre 2000 y 2007), periodo en el cual el IPC oficial apenas registraba variaciones moderadas, mientras que los precios de la vivienda se duplicaban o triplicaban de manera descontrolada.

Por tanto, más que un engaño, nos encontramos ante una definición artificialmente estrecha de la inflación, centrada puramente en el consumo a corto plazo. El verdadero problema radica en que el discurso público institucional omite de forma sistemática la existencia de otras inflaciones paralelas -como la de activos, vivienda e instrumentos financieros- que terminan alterando de raíz la estabilidad y el futuro de nuestra economía.

¡Hola, 👋
suscríbete a nuestro blog!

Regístrate para recibir nuestro post semanal en tu bandeja de entrada. Puedes borrarte cuando quieras

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.