
Muchos economistas eligieron su profesión sin darse cuenta de que su madre les había inyectado la semilla de la economía. En unas ocasiones ha sido por necesidad, en otras porque sus madres les transmitieron un sentimiento de cumplimiento con el juramento que todo economista debería hacer: acabar con la pobreza y administrar los recursos disponibles de forma óptima. Esta misión debería ser el objetivo de cualquier ser humano economista que al despertarse se ponga en marcha para salir a la calle y hacer bien su trabajo.
Vamos a citar algunos ejemplos de famosos economistas como: Adam Smith, John Maynard Keynes, Milton Friedman, Joseph Schumpeter y Carlos Marx, y la relación que mantuvieron con sus madres.
Adam Smith, estuvo muy ligado emocionalmente a su madre que, viuda desde muy joven, se dedicó en cuerpo y alma a liberar de cualquier tarea a su hijo para que concluyese su obra y pudiera desarrollar su actividad al aprecio por la moral, la simpatía y la prudencia económica. A los cinco días de fallecer su madre, Adam Smith falleció. Muchos de los que le citan malinterpretando sus planteamientos, corren el riesgo de que la mano invisible -con la ayuda de la otra- les coja del cuello y les zarandee, al mismo tiempo que les gritan: «No habéis entendido nada, estúpidos». Su más importante libro no fue La Riqueza de las Naciones -qué sí es el más conocido-, sino la Teoría de los Sentimientos Morales. Smith quería que se produjese el relevo en los grupos mercantilistas dominantes que ponían aranceles y pedían ventajas para ellos mediante la intervención soberana. Curiosamente, esos neo mercantilistas idolatran a Smith, pero lo que quieren es intervenir aunque digan que odian la intervención. Lo que odian es que intervengan otros.
En caso de Keynes es diferente, pero su madre tuvo una grandísima influencia sobre él. Existen las pruebas epistolares de esa relación que en algunos momentos fue de una gran influencia. La madre de Keynes fue la primera alcaldesa de Cambridge que, para la época era un hecho significativo. Keynes vio cómo ella gestionaba problemas reales de la comunidad e influía para resolverlos. Supongo que ese ejemplo le abrió los ojos hacia atajar los problemas de la comunidad proactivamente.
La madre de Milton Friedman fue una inmigrante trabajadora y tras quedarse viuda sostuvo a toda la familia con austeridad y esfuerzo. El espíritu del esfuerzo, del ahorro y la esperanza que con la educación -sus hijos- podrían salir de esa situación. Ese sentimiento económico vital, quedó fijado en Milton. Desgraciadamente, creyó que esa austeridad era lo que debía «disfrutarse» en cada casa y nos dejaba poco dinero en el mercado para vivir.
La madre de Joseph Schumpeter también se quedó viuda muy joven. Mujer con un enorme instinto de “movilidad social” y de inversión en el futuro de su hijo, quería que Joseph prosperara socialmente y, sin duda que su proactividad y esfuerzo influyó en que su hijo hiciera -más tarde- un gran incapié en la innovación y también una ambición sana en su vida económica-
El caso de Marx es diferente. En su casa -de la burguesía de Treverís- no se pasaron aprietos económicos. Su padre, abogado judío procuraba a su familia una buena vida. Su madre, Henriette Pressburg, no le inculcó ningún hábito económico especial, es más, en un momento avanzado de la vida -azarosa y pasando penurias financieras constantes- de Marx, le llegó a comentar: «Más te hubiese valido reunir una fortuna para ti, en lugar de procurar que otros la perdieran». Su mujer era descendiente de una familia muy rica, cuya fortuna todavía está presente en alguna marca muy conocida de la electrónica europea, pero tenía inquietudes parecidas a las de su marido. Aunque no se sea marxista, hay que reconocer que si alguien no balancea las opciones, la distribución estadística tiende a un Gini cercano a uno.
Si quisiéramos generalizar, podríamos decir que son las mujeres las que inyectan el virus económico de una forma u otra a los economistas hombres (la mayoría hasta hace cincuenta años, salvo honrosas excepciones). En unos años, veremos a un conjunto de mujeres economistas famosas a nivel mundial y veremos qué influencia ejercen sobre la sociedad que, con total seguridad -sean del color político que sean- se basarán en procurar que todo el mundo viva dignamente.
Aunque no es miembro del selecto grupo de economistas con influencia materna, Federico Engels (él era hijo de un empresario textil alemán y éste le envió -contra su voluntad- a Manchester) tuvo una influencia femenina que le llevó a llamar a Marx para que fuera a Manchester y escribiera el Manifiesto comunista y, más tarde el primer y único libro de los tres que conforman El Capital que fue escrito por Marx, el segundo y el tercero son de Engels basándose en los escritos que había recopilado antes de la muerte de su patrocinado. En plena Revolución Industrial, en Manchester había una zona conocida por la «Pequeña Irlanda» se aglutinaban los emigrantes de esa nación y vivían en unas condiciones sanitarias y alimentarias deplorables que acarreaban frecuentes brotes de cólera. Allí conoció a una joven irlandesa que quiso sacar de esa situación. Es curioso que -a pesar de esas malas condiciones de vida- el número de emigrantes irlandeses no paraba de crecer. ¿Cómo se viviría en Irlanda en aquel momento?
Siento un gran respeto por todos los que fueron abriendo el camino de la economía, tengan mi misma visión política o no. Cuando llego a una ciudad donde están enterrados algunos de los grandes economistas de la historia, les visito para honrarlos. Por ejemplo, el primero y el último de los mencionados, es decir, Adam Smith en Edimburgo y Carlos Marx en Highgate Cemetery de Londres, por cierto, visitar la tumba de Smith es gratuita y la de Marx cuesta 10 libras.
